







Caracas, 5 de marzo de 2009
Si hay alguna banda de Metal capaz de mover publico masivamente en Venezuela, es
Iron Maiden; tanto fanáticos de la vieja escuela como los más extremos comparten
la misma afición por la doncella, quizás solo comparable con lo que podría
ser un concierto de Metallica en el país.
Por fin, y después de 17 años de espera, el retorno de los queridos británicos a
Venezuela fue anunciado para el día, 5 de marzo, desbordando hasta el último momento,
la emoción de sus fanáticos venezolanos, aquellos que el pasado año sufrieron la
triste noticia de que sus ídolos no pasarían por éste país, pero con la esperanza
de que el próximo año -hoy presente- volverían.
Las cosas se cumplieron, y se confirmaba el concierto. La fanaticada de ipso facto
explotaba de alegría y desenfreno. Y es que desde que se anunció la venta de las
entradas la respuesta de la gente fue inmediata; en los primeros días de haber iniciado,
ya se conocían cifras oficiales de que unas 8 mil estaban vendidas. Fanáticos madrugando,
haciendo extensas colas días enteros, resistiendo al sol, solo para hacerse con
su boleto. Desempeño que al final pudo ser innecesario, ya que las entradas no se
agotaron, e incluso en ciertos puntos de ventas, todavía podían conseguirse hasta
el último día. Además el precio de las éstas se mantuvo siempre en su “primera preventa”.
Por otro lado, desde que se anunció que el sitio de éste próximo evento seria el
Estadio de Beisbol de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, hubo represalias
por parte de comités estudiantiles, que expresaban su negativa sobre el uso de éste
espacio para eventos de éste tipo. De hecho, muchos conciertos musicales pautados
para ese y otros lugares de la universidad, fueron cancelados o mudados a otros
sitios. A pesar de esto, la productora del concierto sostuvo realizar el concierto
de Iron Maiden allí y a tan solo 2 días del mismo, anuncian que, por razones de
“mantenimiento y mejoras” de dicho estadio, el evento se efectuará ahora en el Estacionamiento
del Poliedro de Caracas. Cambio que por su poco tiempo de decisión, afectó significativamente
en la organización y desenvolvimiento del espectáculo, y en la comodidad de muchos
de los asistentes.
Pero es que desde un principio, la película por parte de Evenpro -empresa productora-
había empezado mal, quizá había ausencia del sentido común. De haberse tomado en
cuenta más factores de organización y proyección, se hubiese tenido mejor estructura,
y habría sido dicho estacionamiento, un sitio perfecto y cómodo para todos los asistentes.
Apenas al llegar al sitio del evento, la confusión y desorden estaban a la par.
Para ingresar al recinto, se formaron dos filas -que suponían ser para “general”
y “preferencial- separadas solo por una pequeña valla, que además no tenía sentido
alguno, puesto que ambas distinciones accedieron “rápidamente” por cualquier entrada,
según el parecido de los -pocos- personajes de seguridad.
Luego de una ardua espera –que para algunos no la fue, en absoluto- justo antes
de entrar al recinto, se podía observar la gran tarima que se ubicaba al final del
estacionamiento. Ubicación algo ilógica, ya que el suelo de toda el área del mismo
estaba inclinado en contra del público, de manera tal que la visión del espectador
se dificultaba según la posición en se situaba: estando la parte de atrás más abajo
que la de adelante, y donde era necesario ser bastante alto para poder disfrutar,
aceptablemente, del concierto.
Además, la localidad de preferencial ofrecía un espacio excesivamente grande a lo
normal, pero de igual forma fue aprovechado; a pesar de la separación de ambas zonas,
gran parte del público en General, valiéndose de la increíble falta de agentes de
seguridad, saltaron hasta la otra zona. Siendo dicha separación finalmente eliminada,
dejando vía libre para todos. Algo bastante injusto para quienes estaban originalmente
“privilegiados” en Preferencial. Esto a su vez, provocó empujones por parte de los
que se venían pasando, quienes además, querían estar incluso delante de todos.
Al principio, la tarima estaba forrada en telas negras, que escondían el escenario
que tenia especialmente preparado Iron Maiden para su presentación; con una imagen
en medio del fondo: la portada del Calm Before The Storm,
álbum de Lauren Harris, la hija del bajista Steve Harris, quien se encargaría junto
con su grupo, de calentar el ánimo del público. ¿Bandas Nacionales?... para la productora
parecen no existir.
Empezando la noche, y de manera puntual, la bellísima Lauren Harris, apenas al salir
a escena con su banda, enloqueció raramente a gran parte del público, como si se
tratase de una artista de renombre a quien esperaban en el país por años.
Definitivamente lo de abrirle a la banda de su padre en todos sus actuales conciertos,
es un arma de doble filo para ella, que en algunos países, durante el
Somewhere Back in Time Tour -gira protagonista representada
por Iron Maiden en ésta ocasión-, era abucheada y recibidora de objetos que lanzaban
a la tarima con el fin de mostrar descontento o bien, intentar hacer que se bajara,
para así poder ver de una vez a La Doncella. O como pudieron acecharle
los mexicanos, tras disfrutar en su país en días previos, el Maiden Fest. donde
bandas como Morbid Angel, Carcass y Atreyu -que también fueron abucheados y malogrados-,
hacían el papel de teloneros.
En Caracas todo fue diferente, al punto en el que la intérprete de temas como “Steal
Your Fire”, “Get Over It”, “Let Us Be” y “Your Turn” sintiéndose bastante halagada,
dijo que el recibimiento que tuvo en el Poliedro, había sido el mejor que haya tenido
en toda la gira. Y es que la gente parecía encantada con la música de Lauren, un
Hard Rock con matices rockarolezcos y bastante poperos
que se hacen agradables al oído, pero tampoco al punto de pisotearse mutuamente
como ocurrió entre éste público.
El show de Lauren Harris, estuvo bastante correcto y animado; ésta insistió
en mostrar su agradecimiento y apreciación al público venezolano, con hasta algunas
palabras en español incluidas. Aunque en cierto punto de su performance
cayó en un detalle en el que realmente no debería, o no pareciera necesitar; el
hecho de presentar su nuevo single “Your Turn” dando la dirección de su
página en Myspace y pidiendo encarecidamente su visita.
Un poco bajo, quizás, tomando en cuenta que es la hija del querido bajista y está
teloneando a una banda como Iron Maiden. Pero a la vez aceptable sabiendo que puede
que tengan fama a nivel mundial, pero el renombre y respeto de parte del público
en general, todavía es una asignatura pendiente para ella.
Terminando la actuación de la chica, se podía contemplar como “desnudaban” la tarima,
apreciándose todo el montaje alusivo a la gira Somewhere Back
in Time, que principalmente tenía en el fondo la imagen del álbum
Powerslave, dándole un toque especial al show,
además que éstos fondos cambiaban periódicamente, según el disco al que perteneciera
la canción que interpretaban.
Finalmente, las luces se apagaban y empezaba la magia. En las pantallas podían verse
imágenes de lo que será el documental de Iron Maiden: Flight
666, que será además el nombre del próximo disco de la banda, según palabras
de su vocalista, Bruce Dickinson.
Con las emociones a granel, un gigantesco fondo del Eddie (mascota ícono de la banda)
en su fase egipcia, las palabras de Sir Winston Churchill anunciaban el comienzo
de la presentación: la introducción “Churchill’s Speech” dando vida al pegajoso
tema “Aces High”, que como en sus letras, pusieron a volar y vivir la intensidad
de lo que era estar en un concierto de Iron Maiden en el país luego de tantos años.
Si con Lauren Harris los empujones no paraban, con esta rápida canción, en ciertas
zonas del publico se tornaba insoportable el mantenerse de pie y disfrutar cómodamente
del evento.
De la misma manera en como suenan en el disco Powerslave,
la segunda canción en el repertorio seria otro gran clásico de los muchos que sonaron
durante toda la noche: “2 Minutes to Midnight”, que fue coreada por la mayoría de
los presentes. Definitivamente con Maiden, “no solo fueron dos minutos de media
noche”.
Aparecía de fondo, la portada del sencillo The Trooper,
y sonaba el tema: “Wrathchild” del álbum Killers; ya
con este tema, los ingleses tenían a los miles de asistentes en el bolsillo. Bruce,
al notar los empujones y la opresión en el publico, pidió a todos que dieran unos
pasos hacia atrás, para que la gente más cerca de la tarima pudiera respirar mejor
y de manera inesperada, el publico obedeció y respondió al gesto, con aplausos.
“Ahora los que están acá al frente pueden respirar” acotó Bruce, contento.
Sin descanso seguían sonando los clásicos de la banda: “Children of the Damned”,
“Phantom of the Opera”, “The Trooper”, … prácticamente cada uno de ellos con una
presentación visual diferente de la banda; tanto los fondos como el vestuario del
señor Dickinson iban cambiando, en ésta ocasión salió vestido de uniforme rojo,
al más puro estilo de soldado británico, referente al trooper y ondeando
la bandera del Reino Unido.
A continuación, una de las canciones más emotivas de todo el repertorio de la noche,
“Wasted Years”, era interpretada. La gente respondía coreando y saltando. Para muchos,
sin duda, ver a sus ídolos en el estacionamiento del Poliedro, era reproducir algún
concierto de éstos en DVD.
Luego de una breve presentación por parte del cantante, venía la canción más larga
de la noche, “Rime of the Ancient Mariner”, con efectos de humo a lo largo de la
tarima -que afortunadamente no tendieron a ser exagerados como en otros conciertos-
mostrando el efecto visual requerido sin más, como debe ser.
Seguían los cambios en el telón trasero. Y en apenas segundos, la banda a plenitud:
los tres guitarristas, Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers, el mismo Dickinson,
el bajista y líder, Steve Harris y el baterista Nicko McBrain; disfrutaban en tarima
como en aquellos días de su juventud. Sobretodo Bruce, con su conocidas carreras
hacia cada espacio del escenario, y Janick con sus piruetas y juegos con su guitarra
y payasadas a lo largo del escenario, mientras tocaba.
“Powerslave” entraba en escena, antes de la que fue, quizás, la más coreada de la
noche, “Run To The Hills”, e inmediatamente, todo el escenario quedaba a oscuras
con el sexteto tras de él, para realizar su primer encore, regresando con uno de
sus temas más famosos, “Fear of the Dark”, en un ambiente fantástico que definitivamente
ayudo en el disfrute de éste grandioso tema que pareciera nunca hacerse viejo.
Venía, otra de las más aclamadas, la cual recibió muchísimo feedback de
parte del público, “Hallowed Be Thy Name”. Y es que parecía no haber descanso, inmediatamente
sonaba la canción homónima de la banda, la enérgica “Iron Maiden”, donde salió un
gigantesco muñeco de Eddie, en su versión de Cyborg, acompañando a los
británicos en tarima, que aunque no parecía tener mucho espacio, impresionó e hizo
su rápida aparición, siendo, sin lugar a dudas, uno de los momentos más apasionantes
de la noche.
Iron Maiden hacía otra despedida en falso, y retornaban con lo que sería el punto
alto de la presentación, “The Number of the Beast”, uno de esos temas que gusta
tanto a los fanáticos de la llamada vieja escuela como cualquiera que oye a éstas
leyendas. “The Evil That Men Do” era la antesala del final de la presentación que
se daría con una alargada y muy enérgica “Sanctuary", la canción menos conocida
en el setlist presentado, pero que no fue en absoluto un escalón más bajo.
Así, en medio de flashes y euforia entre los fanáticos, terminaba la presentación
de ésta, más que de la leyenda del metal, de la música en general. Pues, Iron Maiden
vivirá por muchas generaciones más y por suerte, muchos fanáticos venezolanos pudieron
anidar los sentimientos de lo que significa, verlos en vivo.
Por su parte, Bruce Dickinson, quien en ningún momento dejó de levantar los ánimos
de sus estimados, dijo que no esperarán otra vez, tanto tiempo para volver a venir
y que, para la gira de lo que será su nuevo trabajo, les gustaría regresar a Venezuela.
Lamentablemente, eso solo lo sabe la productora que pudiera hacerse cargo de ellos
en próximos años. Las palabras del inglés son solo eso, palabras de aliento, que
no confirman a ciencia cierta su futura vuelta.
De la organización de este evento se pueden decir muchas cosas negativas, más allá
de las antes mencionadas. Resaltantes en situaciones donde ocurrieron robos, ultraje
e infaltables peleas entre el público, que parecieran no tener solución con ningún
tipo de empresa de seguridad, y no solo eso, si no la apresurada y escasa revisión
para entrar al recinto, las rutas de salidas que eran demasiado incomodas, aunado
al sonado suceso de la falta de seguridad y planeamiento que hubo para diferenciar
las dos zonas de público, que fueron pagadas según la comodidad y bolsillo de los
asistentes.
La presentación visual de la tarima estuvo bastante bien, de hecho una de las cosas
que más se comentaba era ese efecto que daban los cambios del telón, rápida e inmediatamente,
creando un nuevo ambiente a cada tema tocado; pero que es bien sabido que son equipos
que incumben y pertenecen a la misma banda.
Quejas sobre el sonido las hubo; algunos instrumentos sonaban por encima de la voz
-en ciertas zonas del recinto- e inclusive apenas se escuchaba. En líneas generales,
la apreciación del sonido dependía mayormente de la ubicación de las personas.
Muchísimas cosas son las que debe mejorar Evenpro como productora, al menos en espectáculos
de éste tipo y según el criterio exigente de sus clientes. Así como también éstos,
el público venezolano, en su manera de comportarse, falta de civismo y respeto.










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